Marco Lascano, nutriólogo, cree que después de comidas sustanciosas lo importante es la ingesta de estos tres elementos.
Para ello, la fuerza de voluntad es fundamental. “El primer día es el más difícil, las personas se cansan rápido de estos productos”.
Lascano agrega que con ello no habrá problemas que lamentar ni deficiencias nutricionales. “Esa dieta es apropiada porque todos los nutrientes requeridos se los obtiene del azúcar de las frutas”.
Por ejemplo, recomienda la dieta con uvas, sobre todo las negras, comerlas con pepas por dos días. Estas reemplazan los nutrientes como vitaminas, minerales y algo de proteínas. Además, purifican el organismo.
“La cantidad de azúcar que tienen las frutas es baja, una porción no supera las 100 kilocalorías.
Después de una comida copiosa es mejor una baja en grasas, rica en frutas. Son desintoxicantes y ayudan en el proceso metabólico, sin dejar de cumplir con requerimientos nutricionales”, asegura el nutriólogo Lascano.
Mariana Calle, una empleada pública, seguirá la recomendación de la dieta con uvas, luego de la cena de fin de año.
“Es mejor esperar hasta ese día porque aunque uno quiera cuidarse siempre hay excesos”.
Pero Santiago Portilla, naturópata, advierte que las dietas con frutas no son convenientes, pues estas son nocivas por ser ricas en azúcares y puede ser perjudicial.
Él sugiere otro procedimiento. Cenar por lo menos tres horas antes de dormir, pues comer pesado y acostarse enseguida resulta dañino para el organismo. Lo ideal es servirse cereales y vegetales.
A la mañana antes de desayunar es prudente hacer 10 ó 15 minutos de estiramiento del cuerpo, como para desperezarse más que como ejercicios forzados: mover cabeza, brazos, piernas, cintura…
Y propone una dieta un poco más tradicional o del campo. Siempre con cereales naturales no industrializados, avena, granola, entre otras. También propone dejar de lado los productos animales, lácteos o huevos.
El almuerzo puede consistir en sopas de arroz de cebada o quinua… Y en la noche algo similar complementado con vegetales, sin excesos porque el peor momento para comer en abundancia es la merienda.
En caso de preferir un ayuno, conviene hacer un entrenamiento previo. Por ejemplo, pasar un día por semana, durante uno o dos meses sin cenar.
Luego durante otros dos meses quitar el desayuno y otros dos el almuerzo. Después retirar dos comidas en el día, así se continuará la adaptación hasta hacerlo durante todo el día y mantenerse solamente con agua.
Pero Lascano insiste en el poder nutricional de las frutas. “Las personas necesitan unas 1 200 kilocalorías al día. No hay dietas que ayuden contra el mal comer o una patología asociada. La comida debe ser balanceada y cubrir con los nutrientes”, enfatiza.
En este sentido Imelda Villota, nutricionista, también confía en las frutas, las verduras y el agua.
Pero el secreto para esta experta está en comer menos durante el día si en la noche le espera una cena sustanciosa.
Por ejemplo, desayunar simplemente cereales, frutas o jugos. Y en la cena evitar carbohidratos como papas y arroz.
Acompañar las carnes con ensaladas cocinadas. Es decir, que la zanahoria o la col se cocinen previamente para evitar los gases.